A Homero se le olvidan cosas. No nos cuenta que Ulises falló un montón de veces cuando intentaba no escuchar a las sirenas, cuando intentaba escapar de Polifemo. Cuando él, que lo único que quería era llegar a Ítaca, tomaba cualquier decisión, el viaje se volvía cada vez más accidentado. Todas las decisiones le alejaban de su destino.Y Penélope lloraba recogida en la playa. Le miraba desde la distancia.Le hacía sentir un fraude, un inútil que no era capaz de dominar un simple barco.
Penelope perdía la esperanza de que volviese a Ítaca. Y aunque Ulises sabía que iba a llegar a Ítaca, estaba obsesionado con la idea de que Penelope no le estuviera esperando. Que tras realizar el gran esfuerzo se encontrase con un hogar vacío.
Y Penelope cosía y lloraba. Y Ulises que la veía desde la distancia sólo quería gritar que le esperara, que no se rindiera. Que juntos podrían volver a la Ítaca que él abandono un día.
Y Penelope cosía y lloraba en la distancia.








Aunque ayer tenía 38 grados de fiebre, decidí forzarme a ver el debate. Sentía algo así como regomello por saber si esta vez iban a proponer algo o si iban a seguir descalificándose, igual que en el primero.













